Cuando era niño soñaba con poder tocar un instrumento, lo intente en repetidas ocasiones y no pase de interpretar el cumpleaños. Ya más grande me convertí en un aficionado a la música, sin intenciones de ser tildado de melómano, y aunque soñé con poder escribir y hablar de la música, no me había atrevido; pero grupos y conciertos como el de Stereo Total, son situaciones que califico de “detonantes”.
La verdad nunca espere poder llegar a ser tenido en cuenta en un medio y mucho menos por mis conocimientos (siempre considerados pobres) en música. Pero bueno, el camino se abrió y no me ha ido mal. Luego de un tiempo y casualidades de la vida resulte invitado al concierto de Stereo Total en Bogotá, el pasado sábado 5 de Junio. Aunque no creía que fuera verdad, me fui preparando psicológicamente para lo que seria una de las mejores experiencias de mi vida.
En la mañana trabaje arduamente y no me concentre en pensar en el futuro nocturno, atrevidamente invite a una amiga que así como podía decir que no, si aceptaba existiría el feeling necesario en un evento de esta clase –aceptó- y las cosas comienzan a tener forma. Cuadre la entrega de las boletas de cortesía y todo se confirmaría rápidamente.
Así pues me cambié y lo hice con la intención que funcionara en el ambiente y con mi acompañante. Salimos y cuando arribe al sitio, me llevé mi primera sorpresa: para un grupo no tan conocido había una fila interminable y mis hábitos me negaban hacer una fila de cuadra y media. Entonces me encontré con mis contactos y decidí tomarme un trago con ellos mientras la fila disminuía. Allí viene mi segunda sorpresa: una pandilla de skinheads, como unos treinta, salen corriendo y en frente de la Policía Militar golpean a dos jóvenes los cuales después de la gritería de mi interminable fila, lo dejan escapar. En ese instante pensé que si quería hacer periodismo de estos eventos debía meterme en el ambiente como cuando tuve 20 años.
Me dispuse pues a caminar por el centro de la ciudad sin temor a nada buscando un lugar barato donde poder tomarme un trago y romper el hielo que existía aun entre mi acompañante y yo. Tal vez a punto de encontrar el sitio de venta del preciado líquido, ya mas necesitado por mi fatiga que por una situación social; apareció de nuevo la horda de pateadores y nos tocó desviar nuestro camino. Esta vez hicieron de las suyas en frente a un CAI móvil y reflexione sobre la delincuencia juvenil, cada vez mas presente y una fuerza publica débil que permite que este tipo de abusos sucedan.
Recordé los muertos del periódico y los apuñalados de los noticieros, los reportajes de Pirry y todo cuanto aquello se intenta “investigar” o mostrar y que en realidad solo se siente estando cerca, el temor de la victima es difícil de representar en los escritos y la TV. Pensé en los padres de estos niños que puedo estar seguro eran menores que yo y desconocen el grosor de sus errores, de esta manera llegue a evaluar de nuevo los míos, me corrió un escalofrió y ahora, y con mas ganas necesitaba ese trago.
Como era de esperarse termine en un anden vaciando botella tras botella, el hielo era ya un espejismo y el temor fue una sensación del pasado; todo se había convertido en amor y paz, función número uno del rock and roll y de la música en general. Dispuestos al concierto retomamos y haciendo lujo de las escarapelas entramos sin hacer filas. El ambiente inigualable, el sitio y la música previa, a la altura; todo se daba para lo que era una gran noche, pero cuidado, yo vengo a trabajar a oír la música y a valorar la presentación.
Stereo a Todo Volumen.
La presentación que fui a valorar y la música que iba a oír, comenzó alrededor de las once de la noche, para esa entonces ya disfrutaba del placer de mi compañía, sentía una tromba de amor repentino y un calor que iba invadiendo el lugar sin tenernos en cuenta. La diversidad se hizo presente y las parejas se mezclaban con facilidad, unos con otros y otras con unos, situación que me hizo recordar las declaraciones de una no muy hábil reina de belleza.
En otro momento esta situación me habría hecho reflexionar, o sentir incomodo; pero que mas da, el mundo es así y que. Cuando empezó Stereo Total a tocar, fue sublime para el 100% de los presentes, el calor se alboroto, los flashes de las cámaras estallaban sin parar y la música comenzaba a reemplazar el calor sofocante.
Fue una presentación maravillosa llena de detalles, extranjeros, y una horda de veinteañeros que no paraba de bailar. Muchas veces divagamos entre el dance punk, el rave, el electro punk y otra gran cantidad de ritmos electro rockeros que hicieron olvidarme de la cordura, mi edad, mi trabajo y la responsabilidad de volver a casa esa noche. En un momento como esos se siente que la música a una persona como yo, le brinda un todo inigualable, un complemento interminable y una viscosidad social incomparable. Allí comenzaría mi ruego porque esta noche no acabara.
Una Noche Sin Fin.
Al parecer estaba logrando mi cometido, la noche no terminaría allí. Luego de haber estado inundado por unos sonidos placenteros y líquidos, que entraron por cada poro de mi cuerpo, mi juventud tardía resurgió y salimos en busca de más. Así pasaría las siguientes tres horas, buscando un sitio que aceptara mi energía mezclada con mi embriaguez como boleta de entrada. Aunque creo que los sitios que visitamos fueron gracias a la belleza de mi acompañante y a su carisma.
Como era obvio, las confesiones no se hicieron esperar y la fluidez musical, se materializo en mi lengua y solté cuanto secreto mantenía en mi cerebro. Esa tromba de amor tropical repentino ahora se convertía en tsunami y arrebataba la poca cordura que intentaba retener. No soy totalmente culpable, pues el haberme levantado a las cuatro y media de la mañana y no haber parado en todo el día, causaba estragos en mi raciocinio.
Me falto tal vez ser creyente cuando esperaba que la noche no se acabara, ya que no se lo dije a ningún dios. Craso primer error. La noche terminó y cuando desperté, mi compañía no se había ido y allí cometí mi segundo error. Empecé a pensar que había sido la mejor noche de mi vida e incurrí en la bestialidad de hallar un grano de ilusión a mi lado. Ahora mis ruegos eran porque ese momento, no terminara. Repito, debí comenzar a creer, de pronto si ese dios existe me habría tendido la mano, pero no. Como era de esperarse, fui castigado y el momento también terminó. La ilusión se escurrió por entre los dedos como quien empuña el agua.
Volví a mi casa, y aunque me atropellaba el famoso guayabo. Pensé lo siguiente. Creo que los puristas musicales tienen razón, el rock y sus versiones acercan las brechas generacionales, crean un espíritu colectivo interminable que puede llegar a suprimir las conciencias individuales. El tiempo se detiene y se es invadido por una ráfaga de sentimientos que afloran de lo mas profundo de cada ser. Unos sienten amor, otros sienten felicidad, otros matan y otros patean gente en la calle.
Fue allí cuando llegue a la conclusión que las experiencias que se tienen a partir de algo tan fuerte y tan cimentado culturalmente como la música; son deseos reprimidos, un espíritu silencioso que vive en nuestra profundidad y nos domina cuando sale a flote. Es decir, que el amor no fue repentino, la juventud no fue momentánea y mis ruegos fueron sinceros, o sea que este es mi camino y si ese camino lo ha abierto la música, mejor aun.
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